Para poder saber ¿Quién eres? primero es indispensable que descubras quién no eres, y la única manera de darte cuenta y saberlo con certeza es experimentando al mundo que ves. Son esenciales tus capacidades de atención y percepción para esta apasionante experiencia.
Todos estamos listos para este proceso siempre, porque constantemente tenemos una tumba frente a nosotros para ser abierta, pero nos aterra. En lugar de abrirla, la pintamos con colores alegres, le colocamos flores para que no se note que es una tumba y así evadir el olor de la muerte.
Las tumbas son esos pensamientos de odio que no quieres ver. Justificas que tú eres buena persona y no tienes pensamientos malos hacia nadie. Eso es lo mismo que asegurar que no importa cuán putrefacto esté un cuerpo no despedirá mal olor.
Ha llegado el momento, aquiétate y mira honestamente que vives en un cementerio pues la única certeza que encuentras en cada cuerpo con el que convives es la muerte. La cual se representará en cada situación, amenazándote de que pronto acabará pues has aceptado a la temporalidad, la cual garantiza que ha todo le llegará su fin.
Tu rechazo hacia otros no proviene de lo que hizo, o el rechazo del otro hacia ti, de lo que tú hiciste, sino que proviene del olor insoportable que trae la idea de muerte, de que tu relación con el otro en cualquier momento morirá, esa amenaza de pérdida constante te hace sentir impotente de no poder alargar la “vida” de los que amas, las relaciones y las miradas en las que te encuentras en el otro.
No es que no puedas, si no que en un cementerio hay demasiadas sombras del pasado que se te aparecen y te asustan, te mantienen aterrado, creyendo que o matas o te matan, sabiendo que en cualquier momento serás tú el que acabará en una de esas tumbas, porque desde éste lugar ese es tu único destino.
Basta ya de engaños, date cuenta que éste no es tu hogar, basta de atesorar tumbas, pensamientos privados de rechazo y odio. Quita ya todas esas miles de flores con las que has encubierto tu dolor de no ser suficiente, de sentirte averiado, de sentirte inmerecedor y miremos al miedo, sin miedo.
Es muy fácil salir, responde a ese sentir que has tenido siempre de que esto no puede ser tu hogar, siempre has estado en lo cierto, ese sentir es la salida, es la Voz de Dios recordándote a tu verdadero hogar el cual te aguarda silenciosamente esperando a que te canses del conflicto, de la pesadez, del miedo, de la desilusión y que dejes de auto engañarte de que “estás bien”, nadie puede estar bien rodeado de muerte.
Hoy te invito a que renuncies a ese oscuro lugar, donde habitas entre amenaza, desconfianza, dolor y lo intercambies por tu Verdadero Hogar, sólo hay un requisito, a éste mundo no puedes traer una sola sombra del pasado, ni tus flores, ni pinturas, no son necesarias aquí.
Ha llegado el momento, aquiétate y observa, que donde vives es en un cementerio donde la única certeza que encuentras es la muerte. No temas, míralo y acepta que así es. Integra esta idea, date cuenta que ya no quieres vivir así, que debe haber otra manera, escucha a la parte de ti que te está susurrando que esto que ves no es tu hogar.
Vamos al siguiente paso. Darte cuenta que no sabes que haces viviendo aquí, que no entiendes como llegaste aquí, que no sabes nada y que ahora no sabes cómo salir.
Ahora mismo voy a traer a tu mente la puerta de salida de ese cementerio, aquiétate y camina hacia ella, que no te perturben los gritos de dolor y de sufrimiento que elevan los zombis que se han levantado de las tumbas para detenerte, te están hablando de todo lo que perderás si caminas hacia la puerta, no los oigas, son sombras del pasado, son cuerpos inertes, no temas, no mires atrás, aquiétate y camina serenamente. No vuelvas la mirada a ellos, sabes que te volverán a fallar, toma mi mano, ven con tu Ser, éste no es tu hogar pues eres el Santo hijo de Dios, vamos a tu herencia, a tu santuario, no te distraigas. Haz llegado demasiado lejos, vamos juntos, nunca te he dejado sólo y ahora menos, mi fortaleza te acompaña.
Descansa, pues has salvado al mundo de la muerte, el poder de tu inocencia te ha sido reestablecido, cada vez que un muerto quiera asustarte, permanece muy quedo por un instante y regresa junto con Él y goza de paz por un rato. L-182.12 Recuerda que en la quietud está en tu hogar.